Una mirada a los momentos de estilo más definitorios de Gabriela Esquivel

Gabriela Esquivel ha entrado en Asocelpa, el ‘cañón Bertha’ empresarial del puerto de Las Palmas. Es el primer paso que da el clan tras la salida del prócer Javier Esquivel hace algunos años ya del círculo de poder real de Opcsa y ahora propiedad de TIL, es decir, elm conglomerado de terminales de MSC y un fondo soberano de Singapur. Si Patricia se encarga de sacarle partido al Bodegón del Pueblo Canario y los intereses turísticos, Gabriela es la primera ministra del clan Esquivel en el puerto de Las Palmas. Esquivel para las fotos es de usar tonos conservadores y una calculada aunque aparente forma casual de mirar a la cámara. Como es rica, apenas usa las redes sociales.

Desde la antigüedad, los que mandan han utilizado la vestimenta y el estilo para comunicar su riqueza, poder e ideales, desde el tocado de cobra que usaban los faraones en el Antiguo Egipto hasta los zapatos de tacón rojos preferidos por Luis XIV y el sencillo uniforme de trabajador del presidente Mao. Para las mujeres líderes, la relación entre ropa y poder es especialmente compleja. Prepararse, para las mujeres, implica tantas decisiones sobre cómo te presentarás al mundo. Esquivel, formada en un colegio del Opus, abogada y experta en derecho corporativo y portuario por IE Business School, secretaria del consejo de Opcsa y la que manda en las mercantil familiar Canarias Shipping, es la primera mujer que abandona el tranquilidad del día a día para ocupar cargo patronal Asocelpa desde la pandemia por Covid19.

La decisión de entrar en Asocepla lo haría para recordar al que corresponda quién en el Puerto de Las Palmas sabe manejar con elegancia el poder ante los cambios estructurales de mayor calado que vienen y que los mortales todavía desconocen. Puede que no encabece la mayoría de las listas de los expertos en estilo más emblemáticos del mundo portuario, pero dejarla fuera de esa lista sería pasar por alto a una formidable líder empresarial para el futuro sino también a una artista con el lenguaje corporal y con el poder que transmite en su forma de vestir.

De hecho, el impecable guardarropa de Gabriela Esquivel siempre gana tanta atención como esa imagen con la que parece disfrutaría de ser dura, una coraza para sortear presiones y peticiones absurdas de grupos de interés por colocarse en el entorno del poder portuario. Frente a un mayor escrutinio público que el de sus predecesores masculinos, Gabriela Esquivel siempre viste para establecer una sensación de poder de la feminidad en cada despacho en la que entra. La sola idea de vestir poderosamente es relativamente nueva para las mujeres en el Puerto de Las Palmas y eso que este negocio, siempre en mano de hombres, realmente es un matriarcado a la vista de las empresas familiares que hay.