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SensorLab cumple 10 años dando asistencia a las empresas portuarias de Las Palmas




Hace diez años un grupo de profesionales del mundo de la oceanografía decidió dar un paso al frente y crear una empresa para el desarrollo de instrumentos ambientales de alta precisión con un enfoque especial en la investigación marina. Parecía una locura pero el tiempo les ha dado la razón. Una década después, y con una pandemia que ha generado una revolución en el mar, la línea de productos incluye sensores de pH de alta precisión y fuentes de luz LED espectrofotométricas de alta estabilidad y baja potencia.

Todo esto es producto de muchos años previos de estudio con Melchor González-Dávila, de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria. Los primeros prototipos de sensores se desarrollaron en 2007 y todavía se utilizan en la actualidad. El SP100-SM ​​fue lanzado en 2011, hace diez años, siendo el primer sensor de pH submarino oficial de Sensorlab. Este sensor fue el precursor del actual SP101-SM lanzado en 2013 con un tamaño más pequeño, un menor consumo de energía,

Las empresas de reparaciones navales de Las Palmas son las que tiran, entre otras, de los servicios de la empresa de la que es director general, Herve Precheur Massieu. La necesidad de estar en el mar por largos períodos de tiempo, permanecer estacionario mientras el equipo se maneja por un costado, y navegar a velocidades bajas cuando se arrastra el equipo detrás del barco, imponen demandas adicionales en el diseño de un buque.

Mecánica

Hay cosas que se investigan que el común de los mortales no comprenden. Todos los barcos modernos utilizan el combustible diésel para operar sus motores. Tales motores están mejor condicionados para trabajar a revolución constante. Los buques mercantes no tienen que variar mucho su velocidad de crucero durante su viaje; la propela en estos buques es impulsada directamente desde los motores. Para operar los motores a bajas revoluciones, se deben hacer varias adaptaciones en los barcos de investigación.

En sistemas diésel-eléctricos, la máquina diesel impulsa un motor eléctrico que a su vez mueve el eje de la propela. Los motores eléctricos operan de manera eficiente a cualquier velocidad, lo cual permite al buque un control de velocidad muy preciso. Otro tipo de adaptación es cuando el motor diésel impulsa una propela o hélice de aceleración variable. En este tipo de propela, el ángulo de la hoja se puede controlar para darle un empuje reducido o casi nulo, aún cuando la propela gire a su máximo. Esas son cosas que se instrumentan en laboratorios como el de SensorLab.

Y es que para una empresa que busque recursos energéticos en el mar bajar equipo sobre un costado de un buque requiere más que empuje nulo. Sin un control activo de la posición, el barco puede derivar con el viento hacia el cable del instrumento. Para mantener el cable vertical y libre del casco del buque, el buque tiene que contrarrestar los efectos del viento y la corriente. Esto se logra comúnmente mediante un par de propelas adicionales, una sobre babor y otra sobre estribor, las cuales pueden empujar el buque hacia los lados.

La propela del lado de proa puede ser una propela instalada en un túnel horizontal a lo largo del casco, o una propela con flecha la cual se puede orientar en cualquier dirección y retraerse cuando el buque navega. La propela de popa puede estar en un túnel similar o una propela construida sobre el timón del barco (un «timón activo»). Las dos propelas permiten un control muy preciso del comportamiento del buque en condiciones de vientos, olas y corrientes, y permiten virar sobre el mismo punto si es necesario.


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