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¿Qué fue el proyecto de bunkering que iba a desplazar a Las Palmas?

Se cumplen ya seis años del lanzamiento de un anuncio de inversión en el Puerto de Santa Cruz de Tenerife que quedó en humo. Corría el 22 de julio de 2014 cuando Addax Oryx Energies remitió un comunicado diciendo que el asesor que tenía en Las Palmas no la representaba ni a cualquier otra entidad del grupo AOG y «no está autorizado para adquirir ningún compromiso en nombre de las mismas». En 2020 Santa Cruz de Tenerife quiere ser para cruceristas, dedicarse a proyectos urbanísticos con la ciudad y mandar la inversión a Granadilla de Abona. Planes que decantan la balanza de la competitividad al espacio lógico: el puerto de Las Palmas. Los planes financieros de Hidramar y de MSC Palumbo están en el aire a no ser que la pandemia del coronavirus demuestre que de cruceros no vive un entorno que tiene menos tráfico que el puerto de Pasaia en el País Vasco.

El papel de Addax Oryx se recuerda muy mal en la Universidad de Las Palmas (ULPGC) cuando se planteó a la empresa crear un laboratorio de combustible bajo el liderazgo del catedrático Juan Ortega «y dada la reputación de la multinacional, se hablaba con la empresa y en nombre de ella se abrió el know how, y luego nos piratearon la idea creando ellos uno propio que ahora venden en los medios como la gran panacea», recuerda un conocedor de aquellos contactos. Ortega no quiere atender las llamadas de Puertos928 desde hace semanas y en su departamento responden que cualquier asunto se canalice con el servicio de comunicación universitario.

El comunicado de Oryx fue el 22 de julio de 2014. Días más tarde en Tenerife hubo júbilo porque el 24 de ese mes se anuncia un plan para borrar a Las Palmas del negocio del suministro de combustible. Se trataba de un anuncio de inversión de 150 millones de euros «para la construcción de 22 tanques de diversos combustibles destinados a su venta a barcos, aviones y en el mercado local, está promovida por una sociedad anónima llamada Petroleum & Biofuels Blending Factory of Canary Islands». Es lo que informaba Diario de Avisos el 24 de ese mes.

El administrador era Alejandro Rodríguez Roque, con una mercantil alojada en un centro de negocios y creada el 10 de abril de 2014 con un capital de «apenas» 62.000 euros, decía Diario de Avisos. El que se encargó de inflar la burbuja fue el viceconsejero de la Presidencia de Canarias, Jorge Rodríguez (CC), que reportaba a su jefe, el presidente autonómico de entonces, Paulino Rivero, ahora directivo de Naviera Armas. Que crearía 500 empleos, aseguraba Rodríguez, docente en excedencia entonces de la ULPGC. El Gobierno de Canarias sometió el proyecto, en vísperas de las elecciones de 2015, en una reunión del comité de inversiones creado para desbloquear la entrada de capital privado en las islas con presencia de «representantes del Ejecutivo regional, el Cabildo, el Ayuntamiento, la Autoridad Portuaria y la Zona Especial Canaria (ZEC), con el fin de remover obstáculos administrativos para que se implante esta industria, en una antigua cantera abandonada camino de Las Teresitas», informaba Diario de Avisos.

Mientras todo esto ocurría, Oryx seguía desde su sede central en Francia acontecimientos que impedían mantener su perfil bajo. Han pasado años y el puerto de Santa Cruz de Tenerife ha abandonado ideas industriales. La empresa que iba a invertir 150 millones, sostenía el Gobierno de Canarias, «ya tiene declaración de impacto favorable, para poder construir la batería de depósitos, donde se almacenará todo tipo de combustibles, como fuel, gasolina, queroseno, bioetanol, biodiésel…» Rodríguez afirmaba ese 2014 «sobre la que existía algunos problemas, pero que se van a resolver, pues en ello están colaborando las administraciones» porque «se respetarán los límites del espacio protegido de Anaga y se mejorará un paisaje que ahora está degradado». Al comité de inversiones que analizó la operación fueron, además de Rivero y Rodríguez; los entonces consejeros regionales de Economía, Política Territorial y Presidencia, Javier González Ortiz, Domingo Berriel y Francisco Hernández Spínola; la que era presidenta y la vicepresidenta de la ZEC, Beatriz Barrera y Milagros Luis, entre otros.


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