La pandemia genera mayor control sobre la cocaína que pasa por los puertos de Canarias

Un informe de Global Initiative  difundido el pasado fin de semana apunta a que los controles entre el eje Brasi-Europa está generando que África occidental cobre protagonismo. Los países costeros que se extienden desde Senegal, a través de Gambia y Guinea-Bissau hasta Guinea están operando una vez más como un corredor importante para la cocaína latinoamericana que fluye a través de África occidental en ruta hacia los mercados finales en Europa, luego de una pausa en esta ruta, o al menos una período de visibilidad disminuida, según Iniciativa Global contra el Crimen Organizado Transnacional.

En abril de 2021 la Guardia Civil y la Agencia Tributaria han intervenido 78 kilos de cocaína en un buque atracado en el puerto de Santa Cruz de Tenerife, procedente de Santos (Brasil) y con destino Amberes (Bélgica). La droga estaba dispuesta en unas planchas rectangulares ocultas en el interior de unos tractores oruga, detallan las fuentes. El buque en cuestión pertenece a la compañía Grimaldi y atracó en el puerto de la capital tinerfeña el pasado día 11. El hallazgo de la droga se produjo durante unas labores de inspección de mercancía y carga rodada en el interior de la embarcación.

La autora del estudio, Laura Bird Ruiz-Benitez de Lugo, las incautaciones de cocaína sin precedentes entre 2019 y enero de 2021 en África occidental han llamado la atención internacional sobre el tráfico de cocaína en la región. Estos incidentes también sitúan a Guinea-Bissau, y a los estados ribereños vulnerables vecinos, en el centro de las actividades de tráfico de drogas de la región.

Los países costeros que se extienden desde Senegal, a través de Gambia y Guinea-Bissau hasta Guinea están operando una vez más como un corredor importante para la cocaína latinoamericana que fluye a través de África occidental en ruta hacia los mercados finales en Europa, luego de una pausa en esta ruta, o al menos una período de visibilidad disminuida, según Iniciativa Global contra el Crimen Organizado Transnacional.

La producción de cocaína en América Latina ha alcanzado ahora niveles sin precedentes y la demanda en Europa ha aumentado simultáneamente. Las incautaciones en los últimos dos años superan a cualquiera en la historia de la región.

Lucia Bird Ruiz-Benitez de Lugo, analista sénior de Iniciativa Global contra el Crimen Organizado Transnacional. Bird Ruiz-Benitez de Lugo trabajó como asesora legal y de políticas para el Departamento de Planificación y Desarrollo del Gobierno de Punjab, Pakistán, y antes de eso ocupó el mismo cargo en el Ministerio de Finanzas de Ghana. Durante este tiempo, Lucia estuvo afiliada a Oxford Policy Management, una consultora de desarrollo con sede en el Reino Unido. Antes de esto, Lucía trabajó como abogada corporativa en Londres, donde reside actualmente.

La experta apunta que los traficantes importan cocaína a África occidental a través de múltiples puntos de entrada marítima, tanto en la costa que se extiende entre Senegal y Guinea, como más al sur, con Costa de Marfil desempeñando un papel destacado desde 2019.

Apunta que las estructuras que sustentan la importación, el almacenamiento y el tráfico posterior de cocaína a través de este corredor se entienden mejor como un ecosistema criminal compuesto de una serie de centros, puntos de tránsito y zonas delictivas estrechamente interconectados (a los que aquí se hace referencia como el «ecosistema costero»). «Las características sociopolíticas y de infraestructura de cada uno dan forma a su vulnerabilidad a la explotación por parte de redes criminales», afirma Bird Ruiz-Benitez de Lugo.

Y es que el mapeo de estos centros ilícitos y la comprensión de su función en la facilitación de las actividades de tráfico a través del corredor de cocaína mejora la comprensión de la economía subregional de la cocaína, de las interrelaciones entre los diversos centros y actores del mercado ilícito, e informa la respuesta subregional transfronteriza necesaria para abordar el problema. Este informe examina este ecosistema costero, utilizando datos de incautaciones recientes para resaltar cómo las redes criminales aprovechan sus características geopolíticas en sus operaciones.