Informe de la CIA: Juan Carlos I negoció dar Lanzarote o Fuerteventura y aguas canarias a Marruecos

El Rey Juan Carlos I barajó entregar la soberanía de islas como Lanzarote o Fuerteventura así como las aguas costeras de las islas una vez entregada Ceuta o Melilla a Marruecos. Así lo dice un informe de la CIA fechado el 6 de noviembre de 1975, jornada de arranque de la Marcha Verde, y desclasificado por la CIA. Si se analiza con perspectiva el presente se podría llegar a la conclusión que el destino geopolítico de Canarias con la apertura del turismo marroquí desde Agadir a Dakhla (Villa Cisneros) tras la pandemia, el negocio pesquero y el portuario al norte de Mauritania estaría ya decidido porque su economía será un satélite de la marroquí desde 2027, año del inicio de operaciones del puerto Dakhla Atlantique, copia del puerto Tánger Med.

Los miedos del Rey Juan Carlos estaban bien cimentados en 1975. Solo nueve meses antes de la Marcha Verde, Marruecos estaba comprometido en otro frente para descolonizar sus territorios del norte y Canarias aprovechando las dificultades que estaba ocasionando con dinero libio Antonio Cubillo. El 27 de enero de 1975, Marruecos dirigió un memorando al comité especial de descolonización de la ONU, solicitando la retirada de España de Ceuta, Melilla, Canarias y el Peñón de Vélez.

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En contraposición a la crisis europea a consecuencia de la pandemia, «esta expansión del reino alauita, en consonancia con Estados Unidos, será a «costa del sacrificio de las Islas Canarias«, a través de un mapa estratégico geopolítico, diseñado con anterioridad, en los tiempos de la transición democrática en España, apunta Cierre Digital. Sin esta operación, en la que se produjo «un intercambio de intereses políticos internacionales» en la década de los años Setenta, hubiera sido prácticamente «imposible» que el Rey Emérito Juan Carlos I hubiese alcanzado el trono de España», relatan fuentes consultadas por Cierre Digital. Mientras la CIA ha hecho público esos contactos España no.

«Se acordó el reinado del Rey Juan Carlos I para la transición democrática, a cambio de la cesión del control de las aguas territoriales de Canarias para que Marruecos, posteriormente, obtuviera la explotación de los recursos del archipiélago», apunta Cierre Digital. «En una operación con la CIA, no solamente se pactó el abandono del Sáhara Occidental por parte de España, sino la cesión con el tiempo, de Ceuta y Melilla», dice el mismo diario.

Los documentos de la CIA señalan que Juan Carlos I «consideraba que Melilla se podría ceder a Marruecos en un plazo relativamente corto de tiempo porque allí sólo vivían 10.000 españoles». «En ausencia de una solución, (el rey) temía la posibilidad de otra ‘Marcha Verde’ que podría crear problemas serios», añade el documento de la CIA.

El Rey Juan Carlos admitió la posibilidad de ceder la ciudad de Melilla a Marruecos en 1979 y poner a Ceuta bajo el control de un protectorado internacional similar al que tuvo Tánger entre 1923 hasta la independencia del reino alauí en 1956.

Fue durante un encuentro que mantuvo en el Palacio de la Zarzuela con el senador de EEUU Ed Muskie, enviado personalmente por el presidente de EEUU, Jimmy Carter, a una gira por Europa para discutir de manera confidencial con los líderes de la región los principales desafíos comunes que afrontaban en aquella época Europa y EEUU.

Un resumen de la conversación de más de hora y media con el Rey que mantuvieron el senador y el embajador de EEUU en España, Terence Todman, quedó reflejado en un telegrama secreto enviado por la misión diplomática americana en Madrid al Departamento de Estado, desclasificado en 2014 y al que hace referencia el historiador Charles Powell en el libro ‘Rey de la democracia’, presentado este jueves y que, a través de varios autores, analiza la contribución del reinado de Juan Carlos I al afianzamiento de la democracia en España.

En ese cable diplomático el Rey les dice a Muskie y Todman que «el gran asunto entre España y Marruecos son los dos enclaves españoles». «Él (Don Juan Carlos) consideraba que Melilla se podría ceder a Marruecos en un plazo relativamente corto de tiempo porque allí sólo vivían 10.000 españoles», asegura el telegrama escrito por la Embajada americana, que se envió a Muskie antes de remitirlo a Washington, sin que el senador hiciera ninguna objeción o corrección.

El disgusto del ejército duraría dos meses

El monarca reconoció a sus interlocutores que la cesión de Melilla disgustaría al Ejército español, que «protestaría», pero que ese malestar «duraría sólo dos meses». Además, el Rey se mostraba convencido de que podría «controlar la situación».

Don Juan Carlos veía más complicado ceder la ciudad de Ceuta, donde por aquel entonces vivían 60.000 españoles, un número demasiado alto como para decidir sin más que pasaran bajo soberanía marroquí. Para el caso de Ceuta «quizás la mejor solución» sería un estatuto similar al que tuvo Tánger entre 1923 y 1956, cuya administración la ejerció una comisión de varios países europeos, España entre ellos.

«En ausencia de una solución, (el Rey) temía la posibilidad de otra ‘Marcha Verde’ que podría crear problemas serios», añade el cable diplomático, que comienza describiendo el clima en que se desarrolló la conversación -registrada por la prensa gráfica al inicio y final del encuentro- con un monarca «muy relajado y comunicativo» que repitió varias veces que iba a hablar de manera «franca y abierta» entre otras cosas porque la conversación era «secreta».

Ese encuentro tuvo lugar el 30 de abril de 1979, tres años y medio después de la Marcha Verde por la que Marruecos invadió el Sáhara Occidental, una crisis al calor de la que surgió el vínculo entre Don Juan Carlos y Hassan II de Marruecos, según subraya el historiador Charles Powell, actual director del Real Instituto Elcano, en el capítulo del libro ‘Rey de la democracia’, publicado por Galaxia Gutenberg, y en el que aborda el papel del Rey como el primer embajador de la democracia española.

En la presentación del libro, Powell ha sostenido que Juan Carlos I desempeñó un papel «clave» para la redefinición del papel de España en el mundo y ha hecho una «valoración extraordinariamente favorable» de su contribución a la proyección exterior del país.