El papel naval en Canarias en la independencia de EE.UU

«¡Al carajo los torpedos! ¡A toda máquina!». Así bramaba David Farragut, hijo de un isleño, quien fue nada menos que el primer almirante de la Armada de Estados Unidos y desempeñó un papel crucial en la Guerra de Secesión (1861-1865). En una concurrida plaza situada en pleno corazón de Washington, a tiro de piedra de la Casa Blanca, se alza la estatua de un marino que, catalejo en mano y sable al cinto, mira al horizonte con un pie apoyado en un cabo, como si pisase la cubierta de un buque.

 

El hombre inmortalizado en bronce no es otro que el legendario almirante David Farragut, que da nombre a la plaza y a dos estaciones de metro aledañas, lugares que evocan a este héroe. Ya desde la cuna, el agua marcó su vida. Nació el 5 de julio de 1801 en una granja cerca del lago Fort Loudoun (Tennessee) que poseía su padre, Jordi Farragut, capitán español de la Marina mercante casado con Elisabeth Shine, de origen irlandés y escocés. La familia se mudó después a Nueva Orleans (Luisiana), fundada por canarios, donde la madre murió de fiebre amarilla y el padre confió la custodia del pequeño a un buen amigo, el oficial de la Armada David Porter.