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De Plinio a Falange: las locas teorías sobre navegantes en Canarias




El conocimiento de Canarias a través de la navegación es algo que nadie discute a pesar de la leyenda sobre si eran africanos o no los primeros pobladores de las islas. En 1594, Alonso de Espinosa afirmaba: «son africanos y de allá traen descendencia, así por la vecindad de las tierras como por lo mucho que frisan en costumbres y lengua». En 1602 Abreu Galindo indica que «la más verdadera es que los primeros que a estas islas de Canaria vinieron fueron de África, de la provincia llamada Mauritania». Pero esa Mauritania era romana, por tanto, europea. Esto último los arqueólogos o historiadores inspirados en el comunismo periodo sandinista no lo suelen contar.

Berthélot o Wölfel han realizado interpretaciones «regionalistas» a juicio del profesor Enrique Gozalbes «condicionadas por lo que se ha llamado el pleito insular, entre islas occidentales y orientales. No obstante, sería después de la guerra civil española, en la dilatada dictadura franquista, cuando la arqueología e historia antigua canarias tomarían su forma definitiva».

Desde las aportaciones de Luís Diego Cuscoy, impulsor de teorías que contaban con el apoyo de Falange, suponían que el archipiélago canario se pobló inicialmente hacia mediados del tercer milenio antes de Cristo, «con la llegada de marinos de fortuna, que formaron una primitiva cultura común pan-canaria».

El profesor Enrique Gozalbes, fallecido en 2018, señala que «no es la primera vez que se apunta esta relación del mundo de Cartago con las islas Canarias, aunque sí que se documenta; el almirante Juan José Jáuregui defendió, al hilo de la tesis de Carcopino sobre la carrera púnica del oro del África subsahariana, la inclusión de una hipotética carrera púnica de explotación de la púrpura de Canarias». La historiadora Soraya Jorge o el investigador histórico Alfredo Mederos han analizado el conjunto de datos y las referencias literarias «como una muestra de que las Canarias estuvieron abiertas al acceso náutico de otros pueblos». La obra reciente aporta datos más concretos, y apunta directamente a la presencia de «marinos púnicogaditanos en las aguas canarias».

Para Gozalbes, se sostiene por parte de algunos expertos que «los aborígenes habrían sido transportados en barco, pero no por los cartagineses ni por los mauritanos sino por los romanos». «En este sentido se apunta, de forma reiterada, la hipotética existencia de deportaciones de tribus efectuadas por parte de los romanos, consecuencia probable de las numerosas rebeliones frente al dominio de Roma. Al final de cuentas no es sino la traslación de la leyenda de los
«lenguas cortadas», un poblamiento canario efectuado como castigo a unas gentes que no podían volver por la ausencia de conocimientos náuticos, y luego abandonados a su suerte».

Apostilla el profesor Gozalbes que «la mención del propio Plinio acerca de los pueblos que vivían como «perros» (Canarii) en el Atlas y se ha interpretado que estas gentes, resistentes frente a Roma, serían los deportados a partir del año 40 como castigo por su resistencia al dominio romano. Es indudable que cada época proyecta hacia el pasado la interpretación del pasado y de unos orígenes, a partir de los conocimientos del momento, así como de las ideas que son más propias del presente. La acumulación de los datos, a lo largo del tiempo, ha ofrecido un puzzle acerca del poblamiento antiguo en las islas Canarias.


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